¿Has imaginado cómo sería tu vida si tuvieras más energía, claridad mental, y contaras con suficiente tiempo para llevar una vida sana, todos los días? Esta es mi historia.

3 años atrás, mi vida era muy distinta a lo que es hoy. Hacía 5 años que había terminado mi Master in Business Administration en la Universidad de Melbourne, y ya llevaba 7 años viviendo en Australia. Me estaba yendo muy bien en el mundo corporativo trabajando en una empresa multinacional responsable del área estratégica del negocio. Todo estaba muy bien, sin embargo, dentro de mí, sentía que algo faltaba.

En cuanto a mi salud, no había nada de qué preocuparse. Tenía 39 años, era vegetariano, y creía estar en buena forma. Sin embargo, mi nivel de energía física y mental no estaban al nivel de alguien que lleva un estilo de vida sano. Por ejemplo, me hinchaba con bastante facilidad, o bien pasaba períodos de constipación, a pesar de incluir suficiente fibra en mi dieta. Tenía muchos de los síntomas de colon irritable, y a pesar de que no comía grandes cantidades, tenía más grasa abdominal de lo que me hubiese gustado. En un principio lo tomé como algo inevitable, estaba cerca de los cuarenta, debía ser algo normal. Pero cuando la muñeca y antebrazo izquierdo comenzaron a dolerme de manera crónica, supe que algo tenía que hacer al respecto.

El dolor en el brazo era bastante intenso, a tal punto que ya no podía tomar en brazos a mi hijo de 1 año, tampoco podía usar el brazo para apoyarme en ninguna superficie, y para colmo ya no podía ejercitarme, algo muy importante en mi vida. Y considerando que he practicado artes marciales desde niño, esa fue la gota que rebalsó el vaso.

Mi médico de cabecera me mandó a hacerme exámenes que permitieran descartar o confirmar posibles trastornos autoinmunes. Los exámenes arrojaron un resultado positivo respecto de una respuesta autoinmune, además de un nivel elevado de proteínas C – Reactivas (CRP). Mi médico me informó que ésta es una sustancia producida por el hígado, que se eleva cuando hay inflamación en todo el cuerpo. Para colmo, también me informó que el nivel de azúcar en la sangre estaba ligeramente por sobre el rango normal.

Todos estos síntomas apuntaban a algo, ¿pero a qué?

Me tomé pruebas adicionales, donde, lamentablemente no se pudo identificar la causa raíz que gatillaba la inflamación. Frente a ese escenario mi única opción era tomar píldoras antiinflamatorias hasta que la inflamación disminuyera.

No sabía realmente qué hacer, sabía que, si decidía tomar medicamentos, sólo estaría resolviendo los síntomas, pero no la causa raíz de mi problema.

¿Qué podía estar sucediendo? ¡Era vegetariano y llevaba una vida sana!

Matias Novoa Health Coach 01

¿Qué podía estar sucediendo? ¡Era vegetariano y llevaba una vida sana!

Matias Novoa Health Coach 01

No sabía qué hacer…

Estaba bastante deprimido y frustrado, y sin saber la causa raíz del problema era poco lo que podía hacer para mejorar mi situación. Como siempre he tenido un gran interés por mantener una vida saludable, recordé varios artículos que había estado leyendo acerca de cómo el azúcar y productos procesados pueden afectar la salud de las personas. Seguí investigando acerca del tema y encontré mucha información que conectaba procesos inflamatorios crónicos con alimentos procesados (o bien productos con sabor a alimento), azúcar y carbohidratos refinados, como la harina blanca, por ejemplo.  Fue entonces que decidí hacer un experimento; variar mi estilo vegetariano de alimentación como una alternativa a los medicamentos. Dejé por completo el azúcar añadida, eliminé de mi dieta prácticamente todos los productos procesados, y reemplacé los carbohidratos refinados, como pastas y arroz, por sus versiones integrales. Al cabo de 3 meses, el dolor del brazo había mejorado sustancialmente, y además había comenzado a bajar de peso, a un ritmo de 1 kilo por mes, ¡y sin realmente hacer ningún esfuerzo!

Luego, comencé a tener antojos de comer pollo, proteína y grasa de origen animal. ¡Incluso empecé a soñar con pollos asados! ¡Eso es probablemente la mayor desgracia para un vegetariano!

Yo había decidido mantener un estilo de vida vegetariano por razones éticas, y volver a comer carne era un cambio muy difícil en lo personal. Sin embargo, siempre he creído en la intuición y eso definitivamente sonaba como un mensaje de mi cuerpo o mi subconsciente. Confié en mi intuición y comencé a experimentar nuevamente con carne, pollo y pescado, de la manera más ética posible, asegurándome de sólo consumir carne orgánica proveniente de animales de libre pastoreo, y cocinando deliciosas recetas de cocción lenta, que, sin saberlo, eran exactamente lo que necesitaba para sanar mi cuerpo. Dentro de mí sabía que estaba haciendo lo correcto.

Siendo testigo de tales cambios en la vida y salud de mi familia y en la mía, sentí que esto era algo que tenía que compartir con el mundo.

Luego de 6 meses estaba prácticamente recuperado…

Luego de 6 meses estaba prácticamente recuperado. Estaba nuevamente haciendo ejercicio, ya no sentía dolor en mi brazo, mi nivel de energía había aumentado, tenía mayor claridad mental, y no sólo me sentía como de 20, ¡sino que pesaba lo mismo que hace 20 años atrás!

Sólo había una última cosa por resolver; los síntomas de colon irritable aún persistían. En ese tiempo, ya había comenzado a estudiar en el Institute for Integrative Nutrition, y uno de los estilos de alimentación que se imparten, es la dieta paleolítica, que actualmente muchos médicos en Estados Unidos, como Terry Whals, la utilizan para tratar enfermedades autoinmunes, como la esclerosis múltiple. Entonces, decidí llevarla a cabo por un mes, y sorprendentemente todos mis problemas digestivos se regularizaron.

En ese entonces, Maria de los Angeles y yo estábamos tratando de tener un segundo hijo. El escenario se veía complejo, pues nos había tomado muchos años poder tener a nuestro primer hijo, debido a una infertilidad sin causa conocida (unexplained infertility), sumado a que mi mujer desarrolló diabetes gestacional además de anemia, en donde desafortunadamente terminó con inyecciones de insulina diarias, además de necesitar una dosis intravenosa de fierro para poder recuperar los niveles normales, y así, poder volver a tener una vida normal. Los doctores nos habían advertido que las probabilidades de quedar embarazada de manera natural eran muy bajas y el riesgo de padecer diabetes gestacional era muy alto.

Ya estábamos preparando todo para llevar a cabo los tratamientos, cuando para nuestra sorpresa, María de los Angeles quedó embarazada ¡sin intervención alguna! Y, además, durante el embarazo no tuvo ninguna complicación o enfermedad. Uno podría atribuirlo a una coincidencia, o a la buena fortuna, pero tantas cosas habían mejorado desde implementar un estilo de alimentación sano, acorde a nuestras necesidades individuales, que no tengo dudas de que también impactó positivamente en nuestra fertilidad y salud.

Siendo testigo de tales cambios en la vida y salud de mi familia y en la mía, a través de una alimentación sana, sentí que esto era algo que tenía que compartir con el mundo. Sabía que podía ayudar a más personas a encontrar aquellos alimentos y estilos de alimentación que les ayuden a ser la mejor versión de si mismos. Esta convicción es la que me llevó a certificarme profesionalmente como Integrative Nutrition Health Coach, en el Institute for Integrative Nutrition de Nueva York. Hoy en día me dedico cien por ciento a ayudar a otros a alcanzar sus objetivos de salud y bienestar, cualquiera que éstos sean.

Como tu Health Coach, seré tu guía personal para que puedas vivir una vida llena de energía y vitalidad. ¿Estás listo para transformar tu vida?